Nos dijo lo que queríamos escuchar,
cantando
una canción que él no inventó,
y
le creímos.
Hizo
lo que quería que haga,
con
una mano en el pecho y la otra
en
el mío.
¿Por
qué corría si podía caminar?
Conmigo,
y
los pies en la arena.
¿Por
qué ocultaba cuando pudo decir?
La
verdad,
y
la cabeza en las nubes.
Hubiera
dado la vida
porque
me quisiera así,
12
horas.
Daría
también la vida,
porque
me quisiera así
lo
que me queda de decencia.
Nunca
dije lo que debía,
en
horarios adulterados
por
pensamientos explícitos.
¿Por
qué reía si podía besarme?
Entera,
las
mañanas que le quedaban.
¿Por
qué venía y se iba?
Consigo,
y
lo que arrastraba en la suela.
Me
sigo mordiendo los nudillos
entre
laberintos ilimitados,
acorralando
cualquier síntoma de deseo.
Aldana Michelle Giménez
13/3/23

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